Otra tarde más disfrutando de la lectura en el taller de lectura y escritura. Y entonces la vi aparecer por la puerta. Era pequeña, con el pelo moreno y unas trenzas largas y un poco alborotadas. Su piel era blanquecina y sus ojos tristes, pero con una luz que me desconcertó. Al principio aparté la mirada, no comprendía nada, pero luego se dio la vuelta y se fue. Acabó la clase y salía por la puerta cuando la volví a ver, esta vez en la ventana del piso de arriba. Ya se cerraba el CEPA.
¿Qué
hacía ella allí? ¿Por qué no salió con todos?
Creo
que me fui a casa, pero no lo recuerdo. De lo que sí me acuerdo es de que me vi
otra vez frente al CEPA. Era de noche, pero la puerta estaba abierta. Entré y
llamé.
—¿Holaaa…?
—Esperé a que alguien me contestara—. ¿Holaaa? ¿Hay alguien?
Tenía
tantas ganas de volver a verla como de que alguien me contestara.
Solo
podía acordarme de sus trenzas y de sus ojos.
Subí
las escaleras despacio, con miedo, agarrada a la barandilla, temiendo caer. ¡No
es lo mismo subir las escaleras a oscuras!
Entré
en una clase, no había nadie. Entré en otra, tampoco. Así fui recorriendo todo
el centro. Entré en mi clase, me senté y esperé a que apareciera. Creo que me
dormí, y cuando desperté estaba en mi clase de la tarde con el libro de
«Miércoles Addams» en las manos.

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