La noche más terrorífica de mi vida.
Nuestros
antepasados decían que volvían las ánimas, pero esta vez fue más lejos. Fui al
centro de EPA a la última clase; era de noche. Subí al servicio y ningún
profesor sabía que me había quedado allí.
Cerraron
con llave, cortaron la luz, yo encerrada y a oscuras, y ahí empieza mi
tragedia. No sabía qué hacer: veía calaveras, ánimas vestidas de negro,
destellos… Fui dando palos de ciego hasta que llegué a un pasamanos. Subí la
escalera hasta que llegué al piso de arriba y entré en un aula. Toqué una cama,
pero había una persona de pie. Le di la mano y estaba fría. Pensaba que venían
a por mí; gritaba, lloraba, rezaba, pero no me servía de nada. Tuve la idea de
tirarme por la ventana, pero no la encontraba. Tampoco tenía el móvil: se me
cayó en el servicio. El miedo se apoderó de mí; no sé si me dio un infarto o me
mareé, vomité, fui a parar a la cama. La persona que estaba a mi lado, no sé si
quiso hacerme compañía o iba a por mí. Yo estaba preparada para irme al más
allá. No se movió en toda la noche, rígido y frío; yo era un ovillo. Así pasé
toda la noche.
Cuando
amaneció, me llevé la sorpresa más grande de mi vida: estaba en la camilla y me
había acostado con el maniquí. Era la clase de Sanitaria. Ahora sí, le tiré por
la ventana.
Teresa

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