COMIENZO DEL RELATO ENCADENADO 3 - NAVACARROS

Recuerdo la primera vez que vi a Karim, un niño de unos diez u once años. Estaba sentado, ensimismado, como aislado del mundo, parecía querer desaparecer del mismo. Estaba sentado cerca de una ventana por donde se colaban los primeros rayos de un sol mañanero del mes de julio. Traía su equipaje de mano y una mochila étnica con mucho colorido. A su lado, en un banco antiguo, había dejado su gorra roja favorita.

Desconocía su procedencia, no sabía de su origen ni su situación familiar, pero era el chico que tenía que recoger.

Carol me había pedido el favor, ella estaba muy ocupada con los detalles de última hora.

Es la directora responsable de todos los grupos, sesenta niños y niñas, sus cuidadores y el personal de mantenimiento.

Los primeros días eran los más tensos, chicos de la provincia de entre nueve y doce años acudían a pasar unas semanas de vacaciones en el Preventorio San Raimundo de La Rioja alavesa. Instituciones públicas y privadas ayudaban al mantenimiento del Preventorio, que a duras penas subsistía. Carol hizo posible, gracias a su tesón durante años, que niños de la provincia se beneficiaran de aquel lugar, viviendo allí un tiempo de paz, alegría y esperanza. Atenta a la salud física de muchos de ellos.

Llegué al centro de acogida en la calle Ancha de Vitoria, presenté la autorización correspondiente para hacerme cargo del chico, era el protocolo. Estos quedaban bajo nuestra tutela durante el tiempo que durase el campamento de verano.

Terminados los trámites me acerqué al chico y le dije:

– ¡Hola, Karim! ¿Cómo estás…?– Le extendí mi mano – Soy Merche, tu monitora.


Karmele









Comentarios

Publicar un comentario