Todo empezó la noche de Halloween. La calle estaba vacía. Eran las 12 de la noche y empezó una tremenda tormenta de truenos y relámpagos. Empecé a correr buscando refugio en algún portal, pero todos estaban cerrados. Llegué a la calle San Antonio de Texas, vi las luces encendidas y la puerta abierta del centro de educación Mateo Hernández y me dije: “¡Pero si es de noche! Esto debería estar cerrado”. No pude contenerme; tenía curiosidad de lo que estaba pasando dentro a esas horas de la noche. Me quedé en la puerta pensando si debería entrar. Me armé de valor y entré. Una vez dentro, en el hall, se cerraron las puertas de golpe y quedé atrapada. Ya no había vuelta atrás; tendría que pasar la noche allí. Las luces se volvieron tenues y empecé a oír ruidos extraños. Sentí miedo, pero me dije: “Si voy a pasar la noche aquí, tengo que ver de dónde vienen esos ruidos”.
Me fui en dirección a la biblioteca, abrí la puerta y mis ojos vieron una escena singular: los libros tenían vida, saltaban, corrían, hablaban. Estaban por todas partes. Cerré con miedo, no fuera a ser que alguno se escapara. Corrí hacia el aula de informática y abrí la puerta. Había unos seres extraños que vestían como humanos. Los ordenadores volaban, los ratones tenían vida y los cables eran serpientes. Cerré de inmediato la puerta y me dije: “Esto es una locura”. No obstante, la curiosidad me podía y quería seguir viendo lo que sucedía en cada estancia. Me dirigí hacia el despacho de dirección. Al abrir, me encontré a dos auténticas brujas de cuento con sus sombreros, vestidos negros y verrugas en sus narizotas. Dirigieron sus miradas hacia mí y se abalanzaron con unas manos gigantes queriendo atraparme. Cierro la puerta de golpe: “¡Puf, me libré por los pelos!”. Se oyen ruidos en la primera planta. Me dispongo a subir, pero no puedo: ¡las escaleras se mueven! De repente vuela un artefacto sobre mi cabeza. Miro hacia arriba y es una especie de escoba voladora en la que pone “Bus-escoba”. Intento cogerla saltando y corriendo tras ella. Al final la pillo y consigo montarme.
¡Qué maravilla! Nunca creí que la primera planta estuviera tan lejos. ¿Hacia dónde me llevaba? Estaba dando una vuelta por la galaxia viendo estrellas y rozando los planetas. El aterrizaje del Bus-escoba deja mucho que desear: casi me estrellé contra el ventanal de la primera planta al regreso. Miro a mi alrededor y veo una puerta en la cual pone “Teatro”. Cruzo el umbral y descubro unas fotografías en la pared. Debajo de cada una de ellas hay un baúl. Me acerco a una de las fotografías y reconozco a William Shakespeare. Me guiña un ojo y me sonríe. Me quedo con la boca abierta: ¿cómo puede ser? Abro el baúl que está debajo de la foto de Shakespeare y, de repente, me miro y estoy vestida de Julieta. ¡Sorprendente! Corro hasta otra fotografía; es Sófocles. Me mira muy serio y con cara de pocos amigos. Abro el baúl y de repente estoy vestida del Rey Edipo. ¡Sorprendente! Miro detrás de mí buscando más fotografías; Fernando de Rojas me mira y me sonríe. ¡Qué gracioso! Abro su baúl y me convierto en Melibea. Cuando cuente esto nadie me creerá: ¿será magia?
Salgo de la habitación y me dirijo a lo que parece el aula de inglés. En la puerta hay un cartel que dice “The teacher I'm constipated”. Creo que dice que el profesor está constipado. En ese momento recuerdo que una vez me apunté a inglés y lo dejé al empezar. Si hubiese seguido, seguro que sabría exactamente lo que dice. Pues nada, me voy a otra planta. La segunda está oscura y no se oye ningún ruido. ¡Espera! Veo que sale luz debajo de la puerta de un aula. Me aproximo de puntillas y giro el pomo de la puerta lentamente. Unas batas blancas cuelgan de las perchas; parece una consulta médica. Corro un biombo para ver qué hay detrás de él, pero salgo corriendo al ver una camilla con alguien que está cubierto con una sábana. Esto es lo que les pasa a las personas que entran en este centro de noche. Al cerrar la puerta del aula, doy un portazo y abro los ojos: ¡todo ha sido un sueño! Me río a carcajadas, miro el reloj... ¡oh, no! Me he vuelto a quedar dormida.
¡Tengo clase en EPA!
Autora: Mª Luisa B

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